CAMINANDO CON GUEPARDOS Y UNA SORPRESA INESPERADA

Escrito por zimaviajes 09-04-2011 en General. Comentarios (0)

 

A tan sólo una hora del Parque Nacional de Elefantes Addo se encuentra el proyecto de reproducción de guepardos Daniel Cheetah, un área de conservación cuyo propósito es establecer líneas genéticas puras y concienciar a la gente sobre la importancia de cuidar y preservar esta especie.

 

   

El proyecto tuvo su origen en Mayo de 2001 y comenzó con tan sólo 3 guepardos. En la actualidad, la granja alberga a 10 guepardos (cuatro machos y seis hembras) que son utilizados de forma activa dentro del programa de reproducción.

 

Una vez llegamos a este área de conservación, y tras una breve explicación de los objetivos y resultados obtenidos mediante su programa reproductivo, nos vimos en la obligación de desinfectarnos cuidadosamente las manos y las plantas de los pies para poder entrar en contacto con los guepardos a fin de evitar que pudieramos transmitirles algún tipo de enfermedad.

 

 

Lo primero que pudimos observar fueron los animados y ágiles juegos de las suricatas y las desafiantes miradas de los servales desde sus jaulas, para a continuación cruzar un pequeño puente desde donde contemplamos el área vallada donde se hallaban los guepardos en estado salvaje o semisalvaje, mientras descansaban recostados en la sobra para evitar el calor asfixiante del sol.

  

En un recinto próximo pero separado por una verja se hallaban los tres guepardos mansos con los que tuvimos la oportunidad durante veinte mágicos minutos de caminar y poderles acariciar. Fue un momento excitante que nos dejó sin aliento!!!

 

 

 

Cuando estaba a punto de finalizar la visita, nuestra guía nos comentó que mantenía una sorpresa reservada para el final. Así, tras abrir suavemente un portón que daba acceso a un recinto vallado, pudimos observar atónitos (no sin antes pensar que estabamos ante un espejismo) ... Dos crías de león !!! Sueño realizado !!! Poder sujetar en mis brazos a un cachorro de apenas 2 meses y medio, recrearte en su expresión, en sus ojos, mientras juegas con sus diminutas pero recias extremidades inferiores es un recuerdo único e imborrable.